lunes, 19 de noviembre de 2012

El amotinado

INTRODUCCIÓN

    Si un árbol de mi colección merece una denominación tan marinera como la que da nombre al título de esta entrada ese es, sin lugar a dudas, el único fresno que forma parte de ella. El ejemplar en cuestión pertenece a la especie Fraxinus excelsior y quizás sea uno de los peores candidatos para hacer bonsái que me haya echado a la cara. Es un sujeto realmente indomable, engorda ramas muy lentamente, no ramifica nada bien, brota tarde y pierde las hojas muy pronto, a veces ya a mediados de agosto. En definitiva se "amotina" ante los cuidados que le prodigamos.

    Menos mal que el protagonista de hoy posee otras virtudes que le permiten seguir estando en uno de los estantes de cultivo de mi jardín, de otro modo ya habría sido "arrojado a los tiburones".

PRESENTACIÓN

    La planta que vamos a trabajar hoy mide algo más de un metro de altura. Cocretamente, la última vez que recuerdo haberlo medido, tenía 107 cms. Para que os hagáis una idea de su tamaño os muestro una primera fotografía con una referencia al lado, a la sazón una lata de refresco.

Vista previa frontal con referencia
     Os muestro a continuación otras vistas de la planta antes de realizarle los trabajos de mantenimiento.

Parte trasera

Lado izquierdo

LAS INTERVENCIONES

    Como dije anteriormente este ejemplar posee una serie de características que hacen que, de momento, siga en mi colección. Una de ellas es su vieja y craquelada corteza. Os la muestro para que os hagáis una idea, porque la verdad es que he visto muchos fresnos en riberas de río que no tienen esta calidad en la misma, incluso tratándose de árboles muchísismo más grandes que el mío.



    Una característica como esta merece ser protegida, por eso el que surja musgo entre las grietas del craquelado es un problema.


    Para eliminar este musgo indeseado utilizaremos, en las zonas de mayor acumulación, las propias manos. En la imágen de abajo se estaba arrancando de la zona del nebari.


    En aquellas zonas en las que las ranuras de separación del craquelado lo permiten, lo arranco con pinzas.


    Sin embargo también existen zonas en las que no es posible trabajar ni con las pinzas pues su uso, en ranuras muy estrechas, puede provocar el desprendimiento de botones del craquelado, lo cual no deseamos bajo ningún concepto. En estos casos yo me valgo de una instrumento utilizado por los dentistas y que os muestro a continuación.


    A pesar de su aparente fragilidad os puedo asegurar que se trata de una herramienta muy resistente y dura, tanto es así que esta que veis lleva ya unos cuantos años conmigo y aún está como el primer día. Este pequeño artilugio nos permitirá llegar hasta los rincones más diminutos, permitiéndonos eliminar el musgo de esas ubicaciones y que de otro modo sería prácticamente imposible de sacar sin perjudicar la corteza.


    Otro de los fuertes de este árbol es su base, ensanchada y con una distribución de raíces bastante radial, inusual en un material yamadori. Abajo se puede ver ya limpia y desprovista de la capa de musgo que la tapaba parcialmente.



    Quiero llamar también vuestra atención para que os fijéis en la enorme cantidad de raicillas finas que crecían bajo la capa de musgo. Todas ellas serán recortadas para acabar de sanear la base.


    El trabajo de limpieza se termina con una pasadita de escobilla, que tiene como fin arrastrar las partículas que hayan quedado desprendidas pero que todavía se resisten a abandonar su antigua ubicación.


    Hay alguna rama, como la que os muestro a continuación, que tiene un tramo recto demasaido largo y grueso, restándole muchísimo movimiento a la misma.


    Cuando nos vemos ante una situación como esta lo mejor, aunque nos duela, es cortar parte de la misma.


    Realmente parece que perdemos tiempo en la formación cuando retiramos trozos como este. Es verdad, pero la ramificación que conseguiremos de cara al futuro estará mejor construída.


    En el resto de rama que hemos dejado ya no es tan manifiesto el defecto, aunque aún haya quedado un pequeño trozo recto y sin movimiento. Sin embargo se ha mejorado mucho con respecto a la sensación inicial.


    Otro tipo de solución para un problema similar es el que os muestro en la siguiente serie de fotografías. La rama era así inicialmente:


    Lo mismo que en el caso anterior: rama con un tramo  recto y grueso demasiado largo. En esta ocasión se decide que debe ser aprovechada dado que, por su ubicación, no tendríamos con que "tapar" el hueco que ocasionaría su eliminación. Sin embargo necesitamos darle algo de movimiento, concretamente precisamos que la rama se dirija hacia abajo, que pierda esa tendencia horizontal que tan desagradable resulta a la vista. Para conseguirlo podríamos tirar de ella mediante un tensor pero, si os fijáis bien, existe una zona débil en medio de su trayectoria, por lo que cabe esperar que pueda romper por ahí de obrar de este modo. Para ello se opta por aplicar una técnica diferente: sacar un bocado en la zona que queremos que la rama ceda.


    Cubrimos la herida con pasta selladora...


    ... y a continuación la vendamos con cinta de injertar, colocada bien prieta para evitar deslizamientos de la corteza sobre la madera y que se produzca la menor cantidad posible de microgrietas que pudiesen comprometer el flujo de savia.


    Ahora ya se puede colocar el tensor y tirar de la rama un poco hacia abajo.


    Como se puede apreciar la pequeña doblez que necesitábamos ha tenido lugar por la zona que hemos debilitado de forma deliverada evitando, de este modo, un resultado final incierto.

    Existen también casos en los que es posible aplicar otra técnica para aprovechar mejor una rama. Lo explico también con imágenes para que os resulte más comprensible. En este caso también disponemos de una rama con un tramo recto y sin disminución de calibre. Sin embargo tiene algo de ramificación atrás y delante de dicha zona que sí valdría la pena conservar.


    En definitiva, nos sobra el trozo del medio, así que dividimos la rama en tres partes para prescindir de la central.


    A continuación empatamos la punta con la parte de atrás y ya tenemos la vegetación mucho más cerca de la base.



    El siguiente paso es inmovilizar bien la zona, a la vez que la impermeabilizamos, con cinta de injerto bien apretada.


    A fin de evitar que la rama injertada se deshidrate o resulte perjudicada por el viento, el frío o el Sol, se cubre con una bolsa de plástico transparente. De este modo iremos vigilando la evolución de las yemas y, cuando comiencen a dar señales de vida, iremos abriéndola poco a poco para que se vayan acostumbrado a las condiciones exteriores. Sólo cuando la brotación haya sido feacientemente confirmada la sacaremos en su totalidad.

   
    La disposición de las yemas en los fresnos es opuesta, esto quiere decir que siempre salen una a cada lado de la rama. Sin embargo la yema situada en el ápice de cada ramita es única, es la que se encarga de prolongar la longitud de la rama e inhibe, en cierto modo, que las laterales, situadas más atrás, se desarrollen dando lugar a nuevas ramitas.


    Así que, a menos que queramos conseguir crecimiento en longitud y grosor, la yema apical debe ser eliminada si queremos fomentar la ramificación.


    Justo debajo de la yema apical ya aparecen dos pequeñas yemitas opuestas...


...que se podrían aprovechar si fuese conveniente. Sin embargo en la ramita que os estoy mostrando a modo de ejemplo existe, por debajo de esas dos yemas opuestas, una zona internodal demasiado larga.


   En este caso se decide podar más abajo para aprovechar la gran cantidad de yemas latentes que están agrupadas en la parte basal de la ramita.


    Observad en la siguiente foto como existen multitud de pequeñas yemas que esperamos estimular con este despunte.


    A esta pieza le hacen falta algunas ramas más en varios puntos, por lo que algunas ramitas jóvenes como la que señalo con mi dedo meñique (a la derecha), o algún brote como el que toca mi dedo corazón, se dejarán crecer libremente durante la siguiente primavera, a fin de ir rellenando esos huecos que aún quedan por cubrir.


    En la zona de la copa también he tenido que intervenir de forma bastante drástica. La razón es que algunas de las ramas de esta zona son de igual o superior longitud que las situadas justo por debajo, lo cual no contribuye a generar una silueta triangular. Realmente estaba más avanzada la ramifiación de la copa que la de muchas de las ramas importante del tronco.

    Antes de dar por finalizado el mantenimiento del árbol, voy a aplicar sobre él un tratamiento antimusgo para retrasar, en la medida de lo posible, que vuelva a aparecer en una buena temporada. Para ello uso el sulfato ferroso.


    Lo hay que ya viene en líquido, pero este que os muestro trae una presentación en forma de granulado.


    Se disuleve un poco en agua...


...y se aplica con un pincel por toda la superficie del tronco, procurando incidir sobre todo en las zonas en las que antes teníamos acumulación de musgo.


    El resultado final nos muestra al fresno con algo menos de ramificación que cuando comenzaron los trabajos de mantenimiento, pero es el precio que hay que pagar si queremos construir una estructura coherente de ramas.


    Desde este punto se aprecia muy bien la curva que hay en la zona media del tronco principal pero, por la contra, en una visión lateral, da la sensación de que se escapa un poco hacia atrás. Es por ello que estoy barajando la posibilidad de variar su ángulo de plantación en el siguiente trasplante. De este modo el resultado final sería algo parecido a esto:


    A pesar de lo que hayáis podido ver en esta entrada, la mejor época para hacer el injerto del que se ha hablado más arriba es a comienzos de la primavera. Tomad esta técnica sólo como meramente ilustrativa, no llegando a la conclusión de que sea ahora la época adecuada para llevarla a cabo.   

    Hasta aquí hemos llegado con la singladura de hoy, en próximas entregas visitaremos nuevos e interesantes puertos esparcidos por el mar del bonsái. Espero que hayáis disfrutado de la travesía, os espero en el siguiente embarque ¡ Bon voyage !

    Juan Liñares

jueves, 8 de noviembre de 2012

Balsa

INTRODUCCIÓN

    El post de hoy trata de una de las tareas habituales en la evolución de los bonsái. Es por  ello que vamos a tocar aspectos como el alambrado, pinzado, poda y limpieza de un bonsái en un estadío de evolución medio.

EL SUJETO

    La planta objeto de nuestras atenciones es, en esta ocasión, un Pino rojo ( Pinus sylvestris ) que, en este caso, tiene una particularidad que lo hace "distinto": está trabajado en estilo balsa. Realmente no hay muchos pinos que sean modelados en este estilo, por lo que creo que a este detalle en concreto le da un plus de interés.

    El árbol ya ha sido alambrado y desalambrado en unas cuantas ocasiones y, en este caso, volvía a tocar. Su historia se remonta a unos 10 años, más o menos, siendo recolectado de la montaña por su primer propietario. En ese momento el árbol tenía un porte erguido pero, con muy buen criterio, su recuperador, viendo que tan sólo tenía ramas en uno de sus lados, decidió plantarlo tumbado dando lugar, de ese modo a un estilo muy poco habitual para un pino.

    Antes de comenzar los trabajos no tiré ninguna fotografía ¡ Craso error que no sé como ha ocurrido ! El caso es que el ejemplar estaba totalmente alambrado y su tronco rastrero empezaba a ser colonizado por el musgo. Ante este panorama lo primero que hice fue una limpieza del mismo y un leve adecentamiento del sustrato que, en esta ocasión, aun se mantenía con buena presencia. Luego desalambré. Pero ocurrió lo que suele ocurrir casi siempre: muhas de las ramitas pequeñas perdieron su forma, con lo que hubo que volver a alambrar.

    Una vez que el árbol se encontraba sin restos de ningún alambre viejo, sí me acordé de coger la cámara y hacer algunas fotografías. Os lo muestro en este estado.


     El aspecto desordenado se aprecia mejor si os muestro alguna toma de detalle de alguno de los árboles, fijaos sinó.

Árbol de la izquierda tras el desalambrado
Árboles de la derecha desalambrados
Vista diagonal trasera

EL RESULTADO

    Una vez que el pino estuvo totalmente alambrado se comenzaron a recolocar las masas de follaje, tratando de crear pequeñas nubes para permitir el paso del aire y la luz. La diferencia con las fotografías anteriores es clara, aunque he de decir que sería muchísimo más acusada si se tratase de un material sometido a su primer proceso de modelado. En realidad , aunque las ramas perdieron parte de su forma, sí conservaban aún parte de su ella, con lo que la diferencia puede no ser tan perceptible. Os muestro algunas tomas de detalle para que podáis ver el resultado del trabajo.





A continuación os enseño también un par de imágenes de detalle del tronco tumbado.


Parte derecha del tronco vista desde el frente

Lugar en el que se concentra el cepellón original, con sus raíces finas
     A este bonsái todavía le faltan unos años para terminar de madurar, tanto es así que en alguno de los árboles he realizado sustituciones de ápice para conseguir crear una cúpula digamos que "ortodoxa". De este modo, ahora mismo, el ápice de dos de los árboles rematan en un brote único.


Ápice del árbol de la izquierda
Ápice del segundo árbol de la izquierda
    Para finalizar os muestro el conjunto de "cuerpo entero", para que podáis verlo desde 5 vistas diferentes.

Lateral derecho
Parte trasera

Lateral derecho

Frente

Vista cenital

    Como podéis deducir a tenor de las fotos, este bonsái está a medio camino en su formación. Le falta densificar y definir más la masas de follaje, desarrollar buenos ápices, quizas en el futuro eliminar algunas ramas, etc. Mientras tanto continúo disfrutando de su formación.

    Espero no haberos aburrido. Para la semana ya sabéis de que va a ir la siguiente entrega: ¡ ALCOBENDAS EN ESTADO PURO ! A los que vayáis, allí nos vemos.

    Un saludo
    Juan Liñares

domingo, 4 de noviembre de 2012

Hijo de un dios menor

INTRODUCCIÓN

    Como si de un proscrito se tratase, el árbol protagonista de hoy ha estado olvidado en su banco de cultivo durante tres largos años. En realidad no es que se le hubiese abandonado a su suerte sin más, hecho que acarrearía su muerte en un plazo corto. No, evidentemente ha sido regado y alimentado, pero nada más. El caso es que se trata de uno de esos ejemplares que se van dejando por escasez de tiempo o porque le damos prioridad a algún otro. Fruto de ello el bonsái se asilvestró, perdiendo su forma primigenia. Pero no todo ha sido malo, al no tocarle el árbol se ha revitalizado muchísimo, ha engordado y ha marcado mucho más la vena viva. Con estos cambios nuevas posibilidades de diseño se abren ante nuestros ojos, por lo que se considera que ha llegado el momento de realizar una intervención sobre la planta. Al fin dejará de ser "hijo de un dios menor", le ha llegado su hora.

PRESENTACIÓN DEL MATERIAL

    La planta a la que se le va a realizar la "puesta a punto" es un pequeño Juníperus chinensis de la variedad "Itoigawa". El ejemplar se había adquirido a través de una importante empresa del sector, que lo tenía a la venta muy ajustado de precio. En aquel momento tenía el aspecto de un moyogi clásico, sin ninguna madera muerta. Tras su adquisición se le abrió un shari en el tronco para darle un mayor dramatismo.

    Cuando días atrás lo saqué del banco de cultivo el aspecto que presentaba es el que sigue en la siguiente secuencia fotográfica.

Parte trasera

Frente

Lateral derecho

Lateral izquierdo

VALORACIÓN PREVIA

    Como ya comenté con anterioridad el junípero estaba fuerte, siendo buena muestra de su vigor algunos brotes que se habían desarrollado con fuerza.


    Esto me iba a garantizar que el árbol estuviese en condiciones de aguantar los trabajos a los que quería someterle.

    Al no realizar poda de aclarado ni pinzados durante un largo tiempo, algunos brotes llegan a morir por falta de luz. Evidentemente se trata de elementos que habrá que eliminar.



    La vena viva de los juníperos hay que tenerla siempre limpia para que luzca en todo su esplendor. Si descuidamos este trabajo se van generando capas superpuestas de corteza muerta que dan un aspecto descuidado a la planta y que no nos permiten disfrutar de la preciosa tonalidad rojiza de sus partes vivas. Es pues necesario eliminar todas las placas de corteza muerta a fin de poner en evidencia el contraste entre la madea muerta y la vena por las que todavía circula savia.


    El shari creado en su día había sido literalmente "tragado" por el crecimiento de la vena viva. Ahora mismo ya no se distinguía en muchas zonas. Sólo la disposición helicoidal de la vena puede sugerirnos que allí, en su día, hubo una parte de madera que, evidentemente, también había que volver a poner en evidencia.


    También el musgo había campado por sus anchas, impidiendo la contemplación del nebari de la planta. Había que volver a poner en valor esa parte, para lo cual era necesario sacar ese musgo que había estado creciendo sin control. En la foto de abajo podéis contemplar, además, como hay una gran cantidad de partes secas caídas sobre el sustrato. Evidentemente este detalle nos sugiere que también será necesario realizar una limpieza a nivel de toda la copa para sacar todos esos pequeños brotes muertos. En una palabra, hay que realizar un saneado total de todo el bonsái.


    Otra cosa a tener en cuenta para tener un resultado final lo más pulcro posible, es la limpieza de la maceta que, como se puede apreciar, había estado criando verdín casi desde tiempos inmemoriales.

MANOS A LA OBRA

    Lo primero que he hecho con el árbol, apesar de todo lo expuesto en el apartado anterior, fue proceder a su desalambrado, pues aún conservaba algo de cobre en algunas ramas. A continuación se ha levantado el musgo para poder ver la base con nitidez. A esta operación le siguió la limpieza de la vena viva. En la ilustración inferior se puede ver como, en el tachiagari, ya se había comenzado a eliminar la corteza muerta. Fijáos como al sacar ésta ya parece que se vislumbra mejor el antiguo shari.


    También se procedió a la eliminación de las ramitas y los brotes secos de la copa. El árbol tras todas estas operaciones lucía como se ve en la foto inferior.


CONSIDERACIONES DE DISEÑO

    Una vez finiquitadas las labores de limpieza, era necesario replantearse el diseño del árbol, pues había observado algunos detalles que no me acababan de convecer en él. Uno de ellos era el de que se estrechaba en la base, había una conicidad inversa en esa zona que había que solucionar...si era posible, ¡ naturalmente !.


    La respuesta a este defecto la tenía girando el árbol en el sentido de las agujas del reloj y modificando ligeramente el ángulo de plantado, tal que así:


    Fijáos la diferencia que supone este cambio a nivel del nebari.


    Pero, como todo en la vida, lo que es bueno para una cosa es malo para otra. Con este nuevo ángulo de plantación me sobraba la primera rama del árbol, situada al lado derecho y que ahora se dirigía de una forma demasiado descarada hacia el frente.


    Sé que a los aficionados la eliminación de una rama tan importante como esta les resulta bastante traumático, pero lol que tiene que ser tiene que ser y esperar es tontería. Así que hay que armarse de valor y proceder.


    Sobra decir que no se ha podado a ras, sino que se ha dejado larga para su posterior transformación en jin. En este caso, al tratarse de un árbol de pequeño tamaño bastaron unas herramientas manuales para dejar al descubierto la esencia de este zona de madera de nueva creación. El resultado ha sido el que os muestro a continuación.


    En la copa también se encontraban álgunas ramas que salían del mismo punto, por lo que era necesario eliminar alguna de ellas para evitar el efecto de ramas enfrentdas e incluso ruedas de carro. El caso es que después de eliminar todas estas ramas mal situadas el junípero ya se veía bastante despoblado.


    Ya teníamos la vena viva totalmente limpia...


...pero era evidente aque había que abrir de nuevo el shari, ampliando mucho la zona de madera muerta. El resultado lo podéis ver abajo.

Shari visto desde el frente
Shari desde la parte trasera
    Una de las cosas que más me desasosegaba era el último tramo del tronco. Justo en la zona apical se volvía recto, sin movimiento ni gracia. No tenía el mismo ritmo que el resto del árbol, con curvas a un lado y al otro. Se trataba, sin embargo, de un tramo demasiado corto, hay que pensar que se trata de una sohin, y rígido, por lo que su doblado iba a reultar complicado.


    Además quería reducir un poco la altura del árbol puesto que, ahora mismo, tenía una altura de unos 28 centímetros. Quería que quedase por debajo de los 25 para que me encajase claramente en su tamaño de referencia: sohin. Así que decidí debilitar la zona interior de la última curva para que me resultase más facil tirar del ápice hacia abajo. Marqué con un rotulador la zona...


...y la vacié hasta llegar al centro del tronco, donde se encuentra la madera más vieja, dura y rojiza.


    Esta operación me permitió, a posteriori, reducir la altura del árbol hasta los 23.5 centímetros y dotar de movimiento a esa parte apical tan anodina.

    Naturalmente, aunque no voy a colgar imágenes sobre ello, lo que siguió fue el alambrado total de la planta. Luego llegó la hora de la colocación de las masas de verde, quedando finalmemnte la planta con el aspecto que os muestro a continuación.
 
Lateral izquierdo

Parte trasera
   Y al fin os muestro el frente del "nuevo" junípero.


    Naturalmente tendrá que pasar algún tiempo para que el nuevo diseño vaya cogiendo madurez, pero el primer paso ya está dado, ahora sólo es cuestión de que no vuelva a caer en el cajón del olvido.

    Creo interesante, para finalizar el artículo de hoy, mostraros una imágen del árbol cuando lo adquirí. Era el año 2.004 y lucía del siguiente modo.

        Tras el abandono de tres años mostraba el siguiente aspecto


    Y tras los trabajos descritos en esta entrada ha quedado así:


    Espero que hayáis pasado un buen rato leyendo la historia de este juniperillo, si os ha servido para entreteneros ya me doy por satisfecho.

    Un saludo marinero
    Juan Liñares