La verdad es que estos días no he estado haciendo mucha cosa con los árboles, por lo que no os puedo enseñar demasiado. La entrada de hoy no va a ser tan extensa como de costumbre, pero tenía algunas fotos de un imprevisto que me ha ocurrido y he decidido compartirlo con vosotros.
El caso es que hace tres semanas hubo por esta zona un temporal de viento que ha causado un pequeño trastorno en uno de mis árboles. Antes de continuar tengo que decir que tengo todos los ejemplares, que están en maceta de bonsái, amarrados con alambre a los bancos de cultivo. Sin embargo esto pareció no ser suficiente en el caso que nos ocupa.
Fue mi madre la que me dió la voz de alarma, advirtiéndome por teléfono de que a uno de mis arbolitos lo había tirado el viento. Cuando le pregunté cual era no daba crédito:
- ¡Pero si a ese lo tenía amarrado con alambre! ¿Estás segura de que es ese árbol y no otro?
- Sí Juan, es ese ábol, la fuerza del viento reventó el alambre y tiró el árbol al suelo.
Dado que hasta el día siguiente no podía ir a comprobar los desperfectos, lo que siguió a este diálogo fue una serie de instrucciones encaminadas a salvar la planta.
- Mamá - le dije - no le toques al árbol, déjalo tal cual en el mismo lugar en el que cayó. Cojes la manguera y le mojas bien todas las raíces, a continuación le echas una toalla vieja por encima y luego lo vuelves a regar hasta que esta última esté completamente empapada. Mañana ya iré yo a ver lo que se puede hacer.
Como comprendereis lo de remojar las raíces era para evitar su deshidratación, lo de echarle una toalla por encima para evitar que se volviesen a secar en un plazo breve de tiempo y el de empaparla bien cumplía un doble objetivo: ayudar a mantener la humedad durante un periodo de tiempo más largo y dotar de peso a la toalla para evitar que se la llevase el viento.
Por cierto, que al árbol en cuestión, ya lo conocéis: se trata del Prunus incisa del que ya os he hablado en una anterior entrada.
Al día siguiente el panorama que me encontré fue este:
Y al levantar la toalla lo que había debajo era esto:
El cepellón todavía estaba agarrado a los restos de la vieja maceta por los alambres de anclaje, así que, con mucha precaución, lo liberé:
No siempre coincide bien, pero en esta ocasión se dió la circunstancia de que disponía de una maceta que, por dimensiones y forma, también le iba bien a la planta. Afortunadamente, un problema menos.
Como es lógigo, dispuse nuevos alambres para volver a asegurar bien al Prunus una vez estuviese plantado de nuevo.
El sustrato que tenía el árbol era nuevecito, de este mismo año, así que no era cuestión de desperdiciarlo, se aprovechó en la medida de lo posible.
Primero se echó una buena cantidad en el fondo de la maceta...
...y luego se colocó y amarró el ejemplar.
Luego se fue rellenando con algo más de sustrato, a la vez que se palillaba. Al estar la tierra húmeda es mucho más complicado llevar a cabo este trabajo, por lo que suelo recurrir a la ayuda del chorro de agua para introducirla bien en todos los huecos. Poco a poco se fue rellenando. Como la anterior maceta era un poco más profunda que esta, hubo que diponer el sustrato un tanto elevado en el centro, tal como se aprecia en las últimas fotos.
Al no tener pensado hacer una nueva entrada a partir de este trabajo, no dispongo de más fotografías, pero para que os hagáis una idea aún se rellenó un poco más la maceta y, por supuesto, he vuelto a amarrar el árbol al banco de cultivo. En esta ocasión he utilizado dos alambre de sujección en lugar de uno, espero que Eolo no nos depare más imprevistos.
Como ya comenté al principio, han pasado tres semanas desde la caída del árbo y, hasta la fecha de hoy, no se ha reentido lo más mínimo. Me da la impresión de que ni se ha enterado, claro que ha habido que reaccionar a tiempo y tomar las medidas de precaución oportunas. Quizás sea esta la moraleja de la historia que hoy he traído hasta vuestras pantallas, espero que haya resultado de utilidad para alguien.
Os espero en la siguiente aventura, no faltéis.
Juan Liñares