martes, 7 de mayo de 2013

El tarugo

INTRODUCCIÓN

Año del Señor de 2.008, febrero, en un perdido rincón del noroeste.

    Fue subiendo aquella empinada pendiente hasta el coche cuando me comencé a arrepentir de lo que acababa de hacer. Aquel viejo tarugo que había recogido junto al río, provocaba que mis pies se hundiesen en el terreno a pesar de estar totalmente seco. Sus más de cuarenta kilos de peso hacían mella en mi espalda, en mis piernas y hasta en mi ánimo. Es de esas cosas que te pesa haber hecho pero que, una vez iniciadas, necesitas finalizar porque de lo contrario el trabajo realizado hasta entonces no tendría recompensa.

    Conseguir desarraigar aquel gigante me había llevado toda la jornada. Tanto fue así que después de cinco horas de duro trabajo mañanero, me fuí para casa a almorzar. Tenía en mente volver por la tarde para finalizar lo que había dejado a medias, cosa que hice, obviamente. Tras el reinicio, no me demoró demasiado tiempo contemplar al gigante rendido a mis pies.

    Una vez estuvo en el maletero había que volver a recuperar las herramientas. ¡ Por Dios Santo que estuve en un tris de dejarlas abandonadas a sus suerte ! Tal era el grado de agotamiento que casi prefería adquirir otras que bajar de nuevo a por aquellas. Pudo la razón, me lo tomé con más tranquilidad y en media hora ya estaba de nuevo junto al coche con ellas.

    Llegados a este punto, aquel que piense que se terminó ahí la odisea comete un error de cálculo importante. Ya en casa me dí cuenta de que ninguna de las macetas que tenía me serviría, así que había que improvisar. Tampoco tenía madera para construir un cajón a medida. Comenzó entonces un periplo que me llevó por distintos viveros hasta conseguir un tiesto que diese cavida a todo el cepellón. No fue fácil, sobre todo si se piensa que el diámetro de la base tenía 60 centímetros. Naturalmente la parte que iba a quedar enterrada todavía necesitaba una mayor dimensión. Como consecuencia me vine para casa con un macetón de barro de un metro de diámetro. Sólamente el peso de la cerámica ya no era para cualquiera.

    Al fin el "tarugo" estaba plantado, ahora ya sólo era cuestión de rezarle unos cuantos Padrenuestros.



...Y EL TIEMPO FUE PASANDO

    Afortunadamente el Aliso respondió bien, brotando con fuerza en primavera. En la estación estival le puse un plato debajo para que siempre tuviese un remanente de agua a su disposición. Al llegar septiembre el ejemplar mostraba el aspecto que se observa en la fotografía que sigue.


    En el 2.009 reduje la longitud de los brotes, era enero y también aproveché para trasplantarlo a una maceta de bonsái de tamaño bañera. Al final el árbol se mostraba así.



    Salvo recortar el exceso de brotación cada año y alambrar el resto en una ocasión, no se le hicieron más operaciones destacables hasta diciembre de 2.011. Como se puede apreciar en la foto que sigue el Aliso había proliferado mucho y ya tenía una ramificación importante, aunque no había sido trabajada.



   Volví a reducir la longitud de las ramas, dejándolas tal y como se aprecia en la siguiente fotografía.


    En ese momento decidí intervenir un poco más en profundidad de lo que lo había hecho hasta entonces. Había zonas de corteza muerta, que todavía permanecían adheridas al tronco...


...y que era necesario eliminar. Así que, con la ayuda de una cuchilla, se fue retirando:


    Hacía tiempo que me venía rondando por la cabeza reducir parte del "tarugo". El árbol había brotado bien, pero lo había hecho por un lugar que dejaba un tocón inservible por encima de la zona verde.


    Era neceario reducir esa zona. Además planeaba hacerlo en bisel, de tal modo que el propio corte me permitiese aumentar la conicidad del tronco. Así que terminé por cortar dos rodajas de madera.


    Con este tipo de corte la disminución del tronco ya era algo más gradual...


    Con la misma herramienta que hice el recorte, realicé también unas incisiones en vertical, que me iban a permitir desdibujar el antiestético aspecto plano que presentaba el tronco en su zona superior.


    Una parte de la madera muerta estaba francamnte deteriorada. Si a eso añadimos que me convenía reducir el diámetro del tronco, se comprenderá que no dudase en eliminar una buena porción del mismo.



   Naturalmente para este tipo de trabajos necesitamos ¡ herramientas de precisión... !


    Comenzamos a separar el trozo descartado...


...hasta conseguir que se desprenda completamente.


    Aquí también la zona de corte habrá de ser trabajada para disimular la intervención. Se aprovechó la motosierra para hacerlo, afinando despues con otras herramientas, tanto manuales como eléctricas.


    Además de darle un recorte general a la ramificación también se aprovechó para eliminar completamente alguna rama antiestética.



ACTUALIZACIÓN

    El tiempo ha vuelto a pasar y llegamos a marzo de este año 2.013. Este ejemplar siempre responde bien, brotando con fuerza en la estación vegetativa. Buena prueba de las anteriores palabras es la siguiente imágen que os muestro.


    La madera muerta nunca había sido tratada, así que, si quería mantenerla en el tiempo, habría que comenzar a prestarle algo más de atención. Lo primero era limpiarla adecuadamente, no podemos aplicar productos sobre una base sucia. La limpieza ha de se enérgica para arrancar no sólo la suciedad, sinó también aquellas zonas podridas que aún alberga la madera. Para ello volvemos a recurrir a la maquinaria de precisón, el Aliso ya comenzaba a temblar con lo que se le venía encima.


    Este era el aspecto antes de la limpieza con la hidrolimpiadora:


    Y este otro tras terminar el trabajo.




   Tenía pensado trabajar la copa este año, antes de que brotara. Sin embargo la vorágine de los trasplantes ha hecho que se tuviese que posponer. Este pasado fin de semana, ya totalmente brotado, el ejemplar lucía una copa verde, desordenada y amplia.



    Como se puede observar la vegetación ya estaba totalmente desarrollada...o casi.


    Sin lugar a dudas la cosa que más me gusta de esta afición es tener la oportunidad de compartirla con amigos. Afortunadamente para mí, dos de ellos, Carlos y Santi, se prestaron voluntarios para venirme a echar una mano al saber que le iba a "meter mano" al "tarugo", y es que ¡había trabajo para todos!

    Lo primero fue eliminar algunas hierbas que crecían sobre la superficie del sustrato.


    A continuación se comenzó a defoliar todo el árbol.


    Mis dos ayudantes en plena faena.


    Y aquí los tres mosqueteros.


    A estas alturas de la película ya os habréis dado cuenta de que el árbol se ha trabajado "in situ", no era necesario andar cargando con semejante "bacalao" sin necesidad.

    Al final tan sólo se han dejado algunas pequeñas hojitas, el resto se ha eliminado todo. Es importante ser meticuloso con el trabajo, aquí Santi y Carlos retiraban algunas hojas que habían caído sobre el sustrato.


    Carlos continúa retirando hojas mientras Santi elimina pequeños muñones de años anteriores.


    A la madera, como suelo hacer al tratarse de un caduco, le hemos dado una capa de líquido de jin rebajada a la cuarta parte.


    Estuvimos alambrando hasta que cayó la noche. Al final ni con luz artificial conseguíamos ver lo suficiente como para terminar el trabajo, así que hemos tenido que dejarlo. Poco faltaba para completar esta fase, así que con la luz de un nuevo día me tocaba a mí sólo finiquitar la labor. Cuando hube terminado tiré algunas fotos para que pudiéseis ver la pinta de erizo que presentaba el ejemplar.



    Al fin era hora de dedicarse a la parte más artística del trabajo: el modelado. Así que con paciencia y un banco para no cansarme me puese manos a la obra.




EL FINAL

    Creía que sería cuestión de poco tiempo colocar toda la ramificación, pero al final me llevó más de dos horas. Confieso que soy bastante quisquilloso con estos temas, así que a otra persona tal vez le llevase bastante menos.

    En esta ocasión las fotos no permiten una apreciación tan nítida como en otras entradas, el fondo distrae la atención y os pido disculpas por ello. Si entre tres no movimos el árbol no iba a hacerlo ahora yo sólo. Al final es aspecto de este Aliso es el que os paso a mostrar en la siguiente serie.


Frente del árbol

Frente, de nuevo y más cerca

Lado derecho
Parte trasera
Lado izquierdo
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     No suelo hacerlo, pero en este caso no he podido reprimirme a echar mano del automático de la cámara de fotos. Esta opción me ha proporcionado la posibilidad de posar junto a la obra, orgulloso de lo conseguido hasta ahora. Espero me perdonéis el atrevimiento, lo más importante siempre son los árboles.


    Pues hasta aquí ha dado la entrada de hoy, espero que os haya gustado este viaje por la vida del "tarugo". Soplan vientos lejanos que traerán, sin duda, nuevas etapas en nuestra formación como aficionados. Esperando que la marea haya sido de vuestro agrado recibid un fuerte abrazo marinero.

    Juan Liñares

viernes, 3 de mayo de 2013

El descarte de Leo

INTRODUCCIÓN

    En pleno proceso de reducción de su número de árboles, mi compañero Leo decidió desprenderse del árbol que protagoniza la entrada de hoy. Se trata de un Madroño que había recolectado hace ya unos cuantos años, no sé exactamente cuantos, pero de 5 ó 6 no debe de bajar. En alguna ocasión le había visitado en su casa y, viendo que tenía al árbol sin trabajar todavía, le tiré los tejos para intentar que me lo vendiese. Sin embargo no fué hasta este pasado mes de marzo cuando pasó a engrosar mi colección.

    No hace mucho tiempo el ejemplar tenía unos tiros de más de un metro de altura pero, con el fin de hacerlo más manejable, se los habían recortado bastante. El aspecto que presentaba la planta cuando llegó a mi poder os lo muestro a continuación.


Parte trasera

Lateral izquierdo

Aproximación al futuro frente del árbol
    Como se puede apreciar por la referencia de la lata de refresco, se trata de un árbol de buen tamaño, que la verdad es de los que se agradece la presencia de un compañero para poder manipularlo. Afortunadamente siempre aparece algún amigo por el jardín dispuesto a echarme una mano con este tipo de plantas. Cuando no cuento con la ayuda de otros aficionados abuso un poco de los más cercanos, en este caso de mi hijo Xoel, que ya tiene cuerpo para sacarme de más de un apuro.

    Lo que siempre me ha llamado la atención de este Madroño es su madera muerta, que presenta unas texturas increíbles y que trataré de conservar tal cual, sin meterle máquinas para nada. A lo sumo habrá que hacer algún retoque manual, pero pequeño y de modo que no desentone con el resto del árbol. Siempre consideré como un pequeño sacrilegio tratar de enmendar, corregir o mejorar una textura que la Naturaleza se ha encargado de esculpir durante decenios, ¡ni hartos de vino vamos a estar a su altura!, por lo tanto siempre hay que tener muy presente la vía conservadora. Os muestro algunos fotogramas de esa calidad en la madera muerta a la que me he venido refiriendo.





LA LIMPIEZA Y TRATAMIENTO DE LA MADERA

    Últimamente estoy utilizando bastante la máquina de lavado a presión para la primera limpieza de ciertos árboles. La verdad es que nos ahorra un montón de trabajo y, sabiéndola utilizar, no representa ningún peligro para las plantas. En primer lugar hay que tener la precaución de abrir el chorro en forma de abanico, para que no ejerza una presión excesiva en un punto muy concreto. También es importante mover la boquilla cuando se está trabajando, no conviene quedarse parado sobre un punto determinado, sobre todo si se trata de la vena viva. Con este sistema no sólo se levanta la capa de suciedad que presenta el árbol, sinó que se arrancan restos adheridos de cortezas muertas y trozos de madera podridos que sobran y que ya no podríamos restaurar. También, en casos como el del Madroño o las Sabinas, levanta las capas de corteza superpuestas que acolchan la vena viva. De este modo dejan al descubierto ese color tan llamativo de las mismas.

    Una vez pasada la máquina el aspecto de la madera es el siguiente:





El ojo del dragón
Uno de los jines apicales
    Como véis el resultado es francamente bueno y representa muy poco esfuerzo para lograrlo. Una limpieza con arena es mucho más engorrosa y manualmente nos tiraríamos muchas horas para llegar a tener el mismo resultado...o peor.

    De todos modos, y con el afán perfeccionista que siempre trato de poner en mis obras, termino de perfeccionar el acabado con instrumentos manuales. En este caso se utilizó instrumental de dentista, que va muy bien para penetrar en pequeños recovecos que se muestran inaccesibles de otro modo. Tambien sirven para desprender pequeños trozos de corteza vieja que dejó el chorro de agua. En este caso son las manos de Carlos las que aparecen en las fotos siguientes, un buen compañero y aficionado entusiasta que me vino a ayudar ese día.



    Una vez finiquitada la limpieza es hora de aplicar, por primera vez, una capa de líquido de jin. En esta especie hay dos tendencias, divergentes en cuanto a concepción, pero seguro que perfectamente válidas cualquiera de las dos. Por un lado hay los que opinan que se debe de tratar con el polisuro diluido o tintado para hacerlo más natural, incluso hay quien lo sustituye por aceite de oliva. Al mismo tiempo tampoco se desprenderían las capas de corteza de la vena viva. La otra vía es justamente la contraria y la que yo he venido siguiendo hasta ahora. Quizás no sea tan natural, pero ciertamente su impacto visual es mucho mayor; consiste en blanquear la madera muerta con el polisulfuro puro y limpiar tambien la vena viva. El resultado es muy similar al que se consigue en Sabinas o Tejos, con una vena viva anaranjada que contrasta vivamente con la madera blanqueada. La siguiente fotografía muestra al ejemplar una vez terminada la aplicación del líquido de jin. Como se podrá apreciar todavía se ven zonas amarillentas en la madera, señal de que todavía no se ha secado.



    A este jin le he reducido un poco la longitud. Como ya he comentado antes, no he utilizado nada de máquinas, tan sólo tenazas y un alicate. El aspecto es bastante aproximado al natural.



    Como lo he roto después de aplicado el líquido de jin, luego ha habido que volverle a dar otra capa en esa zona. La aplicación del mismo también ha sido obra de Carlos.

EL PRIMER MODELADO

    Una vez limpia la madera había que comenzar a darle un primer modelado al árbol. Como suele ser habitual en estos casos, el trabajo debe comenzar por la correcta elección de lo que será el futuro frente. De otro modo no es correcto trabajar, ya que dejaríamos las ramas colocadas en posiciones y ángulos inadecuados. En este caso había dos elementos que me interesaba mostrar, uno de ellos es la madera de la que ya hemos hablado.


    El otro elemento que quería que se viese desde el frente es el inusual arranque de la vena viva, que parte desde el suelo en forma de tres venas que luego se unen más arriba. Me pareció un detalle sumamente interesante y diferenciador de este ejemplar, por eso quería mostrarlo.


    Naturalmente para que ambas características se puediesen contemplar desde el frente sin dificultad, hubo que girar un poco la planta. Si a eso le añadimos un pequeño cambio en el ángulo de plantado, conseguiría que el árbol redujese la zona del "puente", que muestra la parte baja de la madera muerta. Esa zona en el futuro será rellenada, aunque estoy valorando si hacerlo con más madera o con una piedra. Salvo honrrosas excepciones no me gustan los árboles que dejan ver la luz a través del nebari. Al cambiar el ángulo de plantado se consigue que la parte derecha de la madera llegue a contactar con el sustrato, lo que disminuiría este defecto, aunque no lo eliminaría totalmente. Una idea de lo que comento se observa en la siguiente instantanea.


     Como habéis podido ver en las fotos anteriores, las ramas que ahora mismo posee la planta no son las mejores para lograr un efecto bonito. Por ello he tenido que prescindir de unas cuantas y colocar algo las restantes. El trabajo de modelado, en este caso, no es nada lucido y será el tiempo el que lo vaya dirigiendo, madurando, definiendo y dictando por donde se ha de desarrollar. De todos modos sí esboza por donde pretendo que vayan los tiros.



    Para finalizar lo hago dejándoos algunas fotos más de la madera muerta, lo primero que me llamó la atención de este madroño. Las venas vivas las descubrí durante la limpieza.







    Y hasta aquí ha dado el viaje de hoy, un viaje en el que os quise mostrar una madera muerta que me enamoró y que espero que sea el comienzo de un bonito y duradero recorrido en este mundo nuestro del bonsái.

    La siguiente entrega ya se está cocinando, no faltéis, ¡el capitán siempre pasa lista!. ¡Salud y ron marineros!

    Juan Liñares