Año del Señor de 2.008, febrero, en un perdido rincón del noroeste.
Fue subiendo aquella empinada pendiente hasta el coche cuando me comencé a arrepentir de lo que acababa de hacer. Aquel viejo tarugo que había recogido junto al río, provocaba que mis pies se hundiesen en el terreno a pesar de estar totalmente seco. Sus más de cuarenta kilos de peso hacían mella en mi espalda, en mis piernas y hasta en mi ánimo. Es de esas cosas que te pesa haber hecho pero que, una vez iniciadas, necesitas finalizar porque de lo contrario el trabajo realizado hasta entonces no tendría recompensa.
Conseguir desarraigar aquel gigante me había llevado toda la jornada. Tanto fue así que después de cinco horas de duro trabajo mañanero, me fuí para casa a almorzar. Tenía en mente volver por la tarde para finalizar lo que había dejado a medias, cosa que hice, obviamente. Tras el reinicio, no me demoró demasiado tiempo contemplar al gigante rendido a mis pies.
Una vez estuvo en el maletero había que volver a recuperar las herramientas. ¡ Por Dios Santo que estuve en un tris de dejarlas abandonadas a sus suerte ! Tal era el grado de agotamiento que casi prefería adquirir otras que bajar de nuevo a por aquellas. Pudo la razón, me lo tomé con más tranquilidad y en media hora ya estaba de nuevo junto al coche con ellas.
Llegados a este punto, aquel que piense que se terminó ahí la odisea comete un error de cálculo importante. Ya en casa me dí cuenta de que ninguna de las macetas que tenía me serviría, así que había que improvisar. Tampoco tenía madera para construir un cajón a medida. Comenzó entonces un periplo que me llevó por distintos viveros hasta conseguir un tiesto que diese cavida a todo el cepellón. No fue fácil, sobre todo si se piensa que el diámetro de la base tenía 60 centímetros. Naturalmente la parte que iba a quedar enterrada todavía necesitaba una mayor dimensión. Como consecuencia me vine para casa con un macetón de barro de un metro de diámetro. Sólamente el peso de la cerámica ya no era para cualquiera.
Al fin el "tarugo" estaba plantado, ahora ya sólo era cuestión de rezarle unos cuantos Padrenuestros.
...Y EL TIEMPO FUE PASANDO
Afortunadamente el Aliso respondió bien, brotando con fuerza en primavera. En la estación estival le puse un plato debajo para que siempre tuviese un remanente de agua a su disposición. Al llegar septiembre el ejemplar mostraba el aspecto que se observa en la fotografía que sigue.
En el 2.009 reduje la longitud de los brotes, era enero y también aproveché para trasplantarlo a una maceta de bonsái de tamaño bañera. Al final el árbol se mostraba así.
Salvo recortar el exceso de brotación cada año y alambrar el resto en una ocasión, no se le hicieron más operaciones destacables hasta diciembre de 2.011. Como se puede apreciar en la foto que sigue el Aliso había proliferado mucho y ya tenía una ramificación importante, aunque no había sido trabajada.
Volví a reducir la longitud de las ramas, dejándolas tal y como se aprecia en la siguiente fotografía.
En ese momento decidí intervenir un poco más en profundidad de lo que lo había hecho hasta entonces. Había zonas de corteza muerta, que todavía permanecían adheridas al tronco...
...y que era necesario eliminar. Así que, con la ayuda de una cuchilla, se fue retirando:
Hacía tiempo que me venía rondando por la cabeza reducir parte del "tarugo". El árbol había brotado bien, pero lo había hecho por un lugar que dejaba un tocón inservible por encima de la zona verde.
Era neceario reducir esa zona. Además planeaba hacerlo en bisel, de tal modo que el propio corte me permitiese aumentar la conicidad del tronco. Así que terminé por cortar dos rodajas de madera.
Con este tipo de corte la disminución del tronco ya era algo más gradual...
Con la misma herramienta que hice el recorte, realicé también unas incisiones en vertical, que me iban a permitir desdibujar el antiestético aspecto plano que presentaba el tronco en su zona superior.
Una parte de la madera muerta estaba francamnte deteriorada. Si a eso añadimos que me convenía reducir el diámetro del tronco, se comprenderá que no dudase en eliminar una buena porción del mismo.
Naturalmente para este tipo de trabajos necesitamos ¡ herramientas de precisión... !
Comenzamos a separar el trozo descartado...
...hasta conseguir que se desprenda completamente.
Aquí también la zona de corte habrá de ser trabajada para disimular la intervención. Se aprovechó la motosierra para hacerlo, afinando despues con otras herramientas, tanto manuales como eléctricas.
Además de darle un recorte general a la ramificación también se aprovechó para eliminar completamente alguna rama antiestética.
ACTUALIZACIÓN
El tiempo ha vuelto a pasar y llegamos a marzo de este año 2.013. Este ejemplar siempre responde bien, brotando con fuerza en la estación vegetativa. Buena prueba de las anteriores palabras es la siguiente imágen que os muestro.
La madera muerta nunca había sido tratada, así que, si quería mantenerla en el tiempo, habría que comenzar a prestarle algo más de atención. Lo primero era limpiarla adecuadamente, no podemos aplicar productos sobre una base sucia. La limpieza ha de se enérgica para arrancar no sólo la suciedad, sinó también aquellas zonas podridas que aún alberga la madera. Para ello volvemos a recurrir a la maquinaria de precisón, el Aliso ya comenzaba a temblar con lo que se le venía encima.
Este era el aspecto antes de la limpieza con la hidrolimpiadora:
Y este otro tras terminar el trabajo.
Tenía pensado trabajar la copa este año, antes de que brotara. Sin embargo la vorágine de los trasplantes ha hecho que se tuviese que posponer. Este pasado fin de semana, ya totalmente brotado, el ejemplar lucía una copa verde, desordenada y amplia.
Como se puede observar la vegetación ya estaba totalmente desarrollada...o casi.
Sin lugar a dudas la cosa que más me gusta de esta afición es tener la oportunidad de compartirla con amigos. Afortunadamente para mí, dos de ellos, Carlos y Santi, se prestaron voluntarios para venirme a echar una mano al saber que le iba a "meter mano" al "tarugo", y es que ¡había trabajo para todos!
Lo primero fue eliminar algunas hierbas que crecían sobre la superficie del sustrato.
A continuación se comenzó a defoliar todo el árbol.
Mis dos ayudantes en plena faena.
Y aquí los tres mosqueteros.
A estas alturas de la película ya os habréis dado cuenta de que el árbol se ha trabajado "in situ", no era necesario andar cargando con semejante "bacalao" sin necesidad.
Al final tan sólo se han dejado algunas pequeñas hojitas, el resto se ha eliminado todo. Es importante ser meticuloso con el trabajo, aquí Santi y Carlos retiraban algunas hojas que habían caído sobre el sustrato.
Carlos continúa retirando hojas mientras Santi elimina pequeños muñones de años anteriores.
A la madera, como suelo hacer al tratarse de un caduco, le hemos dado una capa de líquido de jin rebajada a la cuarta parte.
Estuvimos alambrando hasta que cayó la noche. Al final ni con luz artificial conseguíamos ver lo suficiente como para terminar el trabajo, así que hemos tenido que dejarlo. Poco faltaba para completar esta fase, así que con la luz de un nuevo día me tocaba a mí sólo finiquitar la labor. Cuando hube terminado tiré algunas fotos para que pudiéseis ver la pinta de erizo que presentaba el ejemplar.
Al fin era hora de dedicarse a la parte más artística del trabajo: el modelado. Así que con paciencia y un banco para no cansarme me puese manos a la obra.
EL FINAL
Creía que sería cuestión de poco tiempo colocar toda la ramificación, pero al final me llevó más de dos horas. Confieso que soy bastante quisquilloso con estos temas, así que a otra persona tal vez le llevase bastante menos.
En esta ocasión las fotos no permiten una apreciación tan nítida como en otras entradas, el fondo distrae la atención y os pido disculpas por ello. Si entre tres no movimos el árbol no iba a hacerlo ahora yo sólo. Al final es aspecto de este Aliso es el que os paso a mostrar en la siguiente serie.
| Frente del árbol |
| Frente, de nuevo y más cerca |
Lado derecho
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Pues hasta aquí ha dado la entrada de hoy, espero que os haya gustado este viaje por la vida del "tarugo". Soplan vientos lejanos que traerán, sin duda, nuevas etapas en nuestra formación como aficionados. Esperando que la marea haya sido de vuestro agrado recibid un fuerte abrazo marinero.
Juan Liñares
















