viernes, 3 de mayo de 2013

El descarte de Leo

INTRODUCCIÓN

    En pleno proceso de reducción de su número de árboles, mi compañero Leo decidió desprenderse del árbol que protagoniza la entrada de hoy. Se trata de un Madroño que había recolectado hace ya unos cuantos años, no sé exactamente cuantos, pero de 5 ó 6 no debe de bajar. En alguna ocasión le había visitado en su casa y, viendo que tenía al árbol sin trabajar todavía, le tiré los tejos para intentar que me lo vendiese. Sin embargo no fué hasta este pasado mes de marzo cuando pasó a engrosar mi colección.

    No hace mucho tiempo el ejemplar tenía unos tiros de más de un metro de altura pero, con el fin de hacerlo más manejable, se los habían recortado bastante. El aspecto que presentaba la planta cuando llegó a mi poder os lo muestro a continuación.


Parte trasera

Lateral izquierdo

Aproximación al futuro frente del árbol
    Como se puede apreciar por la referencia de la lata de refresco, se trata de un árbol de buen tamaño, que la verdad es de los que se agradece la presencia de un compañero para poder manipularlo. Afortunadamente siempre aparece algún amigo por el jardín dispuesto a echarme una mano con este tipo de plantas. Cuando no cuento con la ayuda de otros aficionados abuso un poco de los más cercanos, en este caso de mi hijo Xoel, que ya tiene cuerpo para sacarme de más de un apuro.

    Lo que siempre me ha llamado la atención de este Madroño es su madera muerta, que presenta unas texturas increíbles y que trataré de conservar tal cual, sin meterle máquinas para nada. A lo sumo habrá que hacer algún retoque manual, pero pequeño y de modo que no desentone con el resto del árbol. Siempre consideré como un pequeño sacrilegio tratar de enmendar, corregir o mejorar una textura que la Naturaleza se ha encargado de esculpir durante decenios, ¡ni hartos de vino vamos a estar a su altura!, por lo tanto siempre hay que tener muy presente la vía conservadora. Os muestro algunos fotogramas de esa calidad en la madera muerta a la que me he venido refiriendo.





LA LIMPIEZA Y TRATAMIENTO DE LA MADERA

    Últimamente estoy utilizando bastante la máquina de lavado a presión para la primera limpieza de ciertos árboles. La verdad es que nos ahorra un montón de trabajo y, sabiéndola utilizar, no representa ningún peligro para las plantas. En primer lugar hay que tener la precaución de abrir el chorro en forma de abanico, para que no ejerza una presión excesiva en un punto muy concreto. También es importante mover la boquilla cuando se está trabajando, no conviene quedarse parado sobre un punto determinado, sobre todo si se trata de la vena viva. Con este sistema no sólo se levanta la capa de suciedad que presenta el árbol, sinó que se arrancan restos adheridos de cortezas muertas y trozos de madera podridos que sobran y que ya no podríamos restaurar. También, en casos como el del Madroño o las Sabinas, levanta las capas de corteza superpuestas que acolchan la vena viva. De este modo dejan al descubierto ese color tan llamativo de las mismas.

    Una vez pasada la máquina el aspecto de la madera es el siguiente:





El ojo del dragón
Uno de los jines apicales
    Como véis el resultado es francamente bueno y representa muy poco esfuerzo para lograrlo. Una limpieza con arena es mucho más engorrosa y manualmente nos tiraríamos muchas horas para llegar a tener el mismo resultado...o peor.

    De todos modos, y con el afán perfeccionista que siempre trato de poner en mis obras, termino de perfeccionar el acabado con instrumentos manuales. En este caso se utilizó instrumental de dentista, que va muy bien para penetrar en pequeños recovecos que se muestran inaccesibles de otro modo. Tambien sirven para desprender pequeños trozos de corteza vieja que dejó el chorro de agua. En este caso son las manos de Carlos las que aparecen en las fotos siguientes, un buen compañero y aficionado entusiasta que me vino a ayudar ese día.



    Una vez finiquitada la limpieza es hora de aplicar, por primera vez, una capa de líquido de jin. En esta especie hay dos tendencias, divergentes en cuanto a concepción, pero seguro que perfectamente válidas cualquiera de las dos. Por un lado hay los que opinan que se debe de tratar con el polisuro diluido o tintado para hacerlo más natural, incluso hay quien lo sustituye por aceite de oliva. Al mismo tiempo tampoco se desprenderían las capas de corteza de la vena viva. La otra vía es justamente la contraria y la que yo he venido siguiendo hasta ahora. Quizás no sea tan natural, pero ciertamente su impacto visual es mucho mayor; consiste en blanquear la madera muerta con el polisulfuro puro y limpiar tambien la vena viva. El resultado es muy similar al que se consigue en Sabinas o Tejos, con una vena viva anaranjada que contrasta vivamente con la madera blanqueada. La siguiente fotografía muestra al ejemplar una vez terminada la aplicación del líquido de jin. Como se podrá apreciar todavía se ven zonas amarillentas en la madera, señal de que todavía no se ha secado.



    A este jin le he reducido un poco la longitud. Como ya he comentado antes, no he utilizado nada de máquinas, tan sólo tenazas y un alicate. El aspecto es bastante aproximado al natural.



    Como lo he roto después de aplicado el líquido de jin, luego ha habido que volverle a dar otra capa en esa zona. La aplicación del mismo también ha sido obra de Carlos.

EL PRIMER MODELADO

    Una vez limpia la madera había que comenzar a darle un primer modelado al árbol. Como suele ser habitual en estos casos, el trabajo debe comenzar por la correcta elección de lo que será el futuro frente. De otro modo no es correcto trabajar, ya que dejaríamos las ramas colocadas en posiciones y ángulos inadecuados. En este caso había dos elementos que me interesaba mostrar, uno de ellos es la madera de la que ya hemos hablado.


    El otro elemento que quería que se viese desde el frente es el inusual arranque de la vena viva, que parte desde el suelo en forma de tres venas que luego se unen más arriba. Me pareció un detalle sumamente interesante y diferenciador de este ejemplar, por eso quería mostrarlo.


    Naturalmente para que ambas características se puediesen contemplar desde el frente sin dificultad, hubo que girar un poco la planta. Si a eso le añadimos un pequeño cambio en el ángulo de plantado, conseguiría que el árbol redujese la zona del "puente", que muestra la parte baja de la madera muerta. Esa zona en el futuro será rellenada, aunque estoy valorando si hacerlo con más madera o con una piedra. Salvo honrrosas excepciones no me gustan los árboles que dejan ver la luz a través del nebari. Al cambiar el ángulo de plantado se consigue que la parte derecha de la madera llegue a contactar con el sustrato, lo que disminuiría este defecto, aunque no lo eliminaría totalmente. Una idea de lo que comento se observa en la siguiente instantanea.


     Como habéis podido ver en las fotos anteriores, las ramas que ahora mismo posee la planta no son las mejores para lograr un efecto bonito. Por ello he tenido que prescindir de unas cuantas y colocar algo las restantes. El trabajo de modelado, en este caso, no es nada lucido y será el tiempo el que lo vaya dirigiendo, madurando, definiendo y dictando por donde se ha de desarrollar. De todos modos sí esboza por donde pretendo que vayan los tiros.



    Para finalizar lo hago dejándoos algunas fotos más de la madera muerta, lo primero que me llamó la atención de este madroño. Las venas vivas las descubrí durante la limpieza.







    Y hasta aquí ha dado el viaje de hoy, un viaje en el que os quise mostrar una madera muerta que me enamoró y que espero que sea el comienzo de un bonito y duradero recorrido en este mundo nuestro del bonsái.

    La siguiente entrega ya se está cocinando, no faltéis, ¡el capitán siempre pasa lista!. ¡Salud y ron marineros!

    Juan Liñares

viernes, 26 de abril de 2013

Maderitas

INTRODUCCIÓN

    La historia que os traigo hoy tiene como protagonista a un Majuelo que puese a la venta en un conocido portal de bonsái. La verdad es que hubo algunas personas que se interesaron por él, pero al final no se concretó la venta.

    El ejemplar tiene una buena parte del tronco muerto y con detalles que, a todas luces, parecen interesantes. Mucha de esta zona seca todavía está "sucia", recubierta por corteza que se mantiene adherida a ella. En el momento de ofrecerlo no me pareció adecuado adecentar esa zona, pero la exposición pública es lo que tiene: algún aficionado argumentaba que el ejemplar le gustaba, pero que no sabría que hacer con esa madera sin limpiar. Y en eso trata el trabajo de hoy, en mostraros el proceso que se ha seguido y el resultado final.

    El aspecto que presentaba en el momento de ofrecerlo es el que se puede ver a continuación. Ya había brotado.




ENTRÓ CON FUERZA LA PRIMAVERA

    El Crataegus parece gozar de mucho vigor y buena prueba de ello es el gran crecimiento que ha experimentado en apenas un par de semanas. Ayudado por un buen programa de abonado el árbol muestra ahora este saludable aspecto.


    En Galicia llevábamos desde el otoño con lluvias contínuas. Estos días parece que nos ha dado un respiro el mal tiempo y comienza a lucir el Sol aunque, según las previsiones meteorológicas, por poco tiempo. Esto viene a cuento porque quería haceros notar la diferente tonalidad que presenta el árbol, la corteza y la madera muerta sobre todo, según esté el tiempo húmedo o seco. Volved a mirar las fotos anteriores para daros cuenta.

    Como os dije, una de las cosas que primero habría que hacer era eliminar las viejas cortezas adheridas a la madera muerta, mirad por ejemplo este jin.


    Esta zona, a medio camino del tronco, también está muerta, será también objeto de la intervención de hoy.


    Buena parte de la base del árbol también tiene madera muerta. En concreto, en la imágen que os muestro a continuación, la gruesa raíz que aparece en ella está llena de raicillas por la parte inferior, pero por arriba está seca. También habrá que aactuar a este nivel.


    Otro bonito jin que habrá que resaltar con la limpieza.


    Visto desde el lado contrario el árbol resalta más su exhuberante vegetación.


    En la zona viva también aparecen detalles intereante, como esta hoquedad en forma de hoyuelo.


   Otros detalles que también han de ser saneados:



EL TURNO DEL SANEADO

    Soy de la opinión de que cuando la madera que queremos resaltar es natural y de calidad lo mejor es no "estropearla" con herramientas eléctricas, que suelen dejar acabados un tanto artificiales, sobre todo porque suelen quedar rastros de la acción de las fresas. Bien es cierto, no obstante, que no en todos los casos basta con una intervención manual, a veces no queda más remedio que echar mano de las máquinas, sobre todo cuando hay importantes zonas a desvastar.

    En este caso, toda la madera que tiene este Crataegus tiene interés, así que trabajaré a mano. Para la eliminación de la corteza me he decantado exclusivamente por la utilización de una cuchilla especial, que he adquirido ya hace unos cuantos años y con la que me doy muy bien. Aquí estoy comenzando a retirar la corteza del tronco. 


    Las zonas que se van descubriendo tienen una tonalidad diferente a las que ya estaban expuesta a la intemperie.




    Todavía quedaban muñones sin tratar, restos de la poda de alguna rama.


   En este caso, simplemente se rompe con un alicate.


    Mientras la zona del tronco que había comenzado a pelar, va quedando al descubierto.


    También la zona alta dejaba al descubierto los tesoros que escondía debajo de la corteza.


    Otras zonas ya medio peladas por los elementos también destacan en este ejemplar.


    A ras de suelo la zona de retirada llega hasta por debajo del nivel del sustrato. Es necesario retirar parte de éste para continuar con el trabajo. El final del mismo siempre termina al encontrar vena viva.


    Y poco a poco el trabajo va llegando a su fín.





    Detalle de la base una vez pelada.


    Y el árbol de cuerpo entero.


    Algunos detalles antes de continuar.





    Hasta aquí el "rasurado a cuchilla", ahora había que darle una buena ducha para arrastrar los restos que han podido quedar adheridos.


    Y comienza una nueva fase, para la que vamos a necesitar un cepillo...


...que no falten una gafas de protección, en este caso un tanto "fashion"...


...y una pistola de agua a presión por impulsos.


    Nos colocamos las gafas y comenzamos a proyectar agua sobre la zona tratada para terminar de desincrustar los últimos restos.



    Tras esta última operación vuelvo a darle otra ducha al árbol. Siempre quedan minúsculos trocitos de madera y corteza que han sido proyectados incluso contra el follaje.


    Luego de dejar secar un rato, justo hasta que la madera esté húmeda pero no empapada, se le aplica el líquido de jin. Al tratarse de un árbol caduco yo suelo utilizar una disolución al 25%, no me gusta que quede tan blanco como una Conífera. El mismo día de la aplicación el tramo tratado preenta aún un velo blanquecino que no ha de durar mucho tiempo.


    Como véis, incluso así se aprecian los distintos matices qu presenta la madera, algo que a mi particularmente me gusta. No quiero en estas especies un blanco homogéneo que mate todos esos detalles.

AL DÍA SIGUIENTE

    Al trasncurrir un día entero, luego de asegurarme de que todo el polisulfuro ha secado, riego por primera vez la planta después del trabajo. Utilizo manguera e incido especialmente en la zona de madera. Después de esto la vuelvo a dejar secar. Es entonces cuando se aprecian plenamente todos los detalles.












    Y finalizo mostrándoos el ejemplar nuevamente al completo. Creo que el cambio ha sido impostante y que ahora sí que destaca esa zona de madera muerta, el principal atractivo de este Majuelo.


    Bueno, espero que os haya gustado la entrada de hoy sobre un trabajo tan específico, pero creo que podría ser interesante.

    Volveré a poner a la venta el ejemplar, espero que la madera no sea nuevamente un "handicap" en contra. De todos modos ahora que ya está limpito, si no consigo venderlo, ya no me importaría tanto quedarme con él, terminaría formándolo yo mismo.

    Os espero de nuevo cuando este viejo casacarón vuelva a surcar los mares del bonsái. ¡ No faltéis !

    Juan Liñares