Como recordareis, en la anterior entrada dedicada este árbol, se han generado una serie de opiniones que, como siempre, respeto muchísimo y agradezco. No soy de los que suele recular en el trabajo realizado pero, en esta ocasión, tampoco a mí me terminaba de convencer, por lo que el leer algunos de vuestros comentarios sirvió para terminarme de decidir a darle una vuelta más de tuerca.
Entre las cuestiones que me habíais transmitido destacaría las siguientes:
a) La parte descendente del tronco, después del la fuerte curva superior, era demasiado recta, anodina y discordante con la parte ascendente del mismo.
b) La base del árbol se veía recta.
c) Alguna opinión hubo también que me recomendaba cambiar el frente por uno de los laterales.
Esta última recomendación la he descartado, porque no me parecía ni conveniente ni realizable de una forma creíble sin caer en algunos "artificios". Si escogiésemos el lateral derecho la copa quedaría totalmente hacia atrás y si nos decantásemos por el izquierdo la tendríamos totalmente frontal. Soy consciente de que con alambre se podría "corregir" esto en parte, pero a costa de "forzar demasiado la máquina" y no estoy seguro de lograr un acabado natural y estéticamente mejor.
Por lo tanto, me centré exclusivamente en dar solución a las dos primeras cuestiones.
DAR MOVIMIENTO A LA PARTE DESCENDENTE DEL TRONCO
Para comenzar el relato de esta segunda parte, creo que será bueno recordar como había quedado el pino al final de la primera sesión de trabajo.
La pretensión que iba a guiar este reajuste era múltiple: por un lado quería dar algo de movimiento (curvas) a esa parte descendente, por otra parte también pretendía aproximarla más a la parte que sube y, por último, lograr una mejor conjunción entre ambos tramos del tronco.
Después de estudiar durante un buen rato la mejor manera de conseguir los objetivos marcados, comenzamos el trabajo con la colocación de una barra de hierro, bien clavada al sustrato y sujeta al tronco en dos puntos estratégicos. En esta ocasión conté además con la inestimable ayuda de dos compañeros de aventuras: Santi y Carliños Leborán. La verdad es que para llevar a cabo ciertas operaciones una mano extra siempre es de agradecer.
La barra se ancló firmemente al tronco, pero eso sí, acolchando bien la zona de contacto con el mismo para evitar dañar tanto la corteza como el propio tronco.
El objetivo al colocar la barra de hierro era poder anclar un tensor desde un tornillo, colocado en parte posterior del tronco, hasta la propia barra. Su función iba a ser inmovilizar esa parte para evitar una rotación y consiguiente desplazamiento hacia atrás de la copa. Esto lo pudimos comprobar con anterioridad, cuando estábamos estudiando la forma de llevar a cabo el proceso, de ahí la decisión de disponer de una barra de hierro que ofreciese un punto de anclaje bien fuerte.
No interesaba que ambas partes del tronco llegasen a contactar, por lo que se dispuso un taco de madera, también bien acolchado para evitar que se produjesen desgarros. Luego se echó mano de un gato para apretar la parte superior. Se forraron también las dos zonas en las que éste iba a ejercer presión utilizando, para ello, unos trozos de manguera vieja.
Justo por debajo del gato se colocó un alambre de cobre de calibre medio que iba a ejercer de tensor. También se forró con manguera vieja. Referente a esto recomiendo tener siempre algún trozo de este material a mano porque nos puede servir cuando menos lo esperemos.
En esa situación el pino ¡ ya no las tenía todas consigo ! Sabía lo que se le venía encima.
Y comenzamos a apretar, poco a poco, comprobando a cada vuelta de rosca que todo iba como estaba previsto. Teníamos los oidos bien abiertos a la espera de, en cualquier momento, escuchar algún crujido. Nada. Todo discurrió sin imprevistos hasta conseguir acercar ambas partes del tornco hasta donde queríamos.
Como ya comenté con anterioridad, siempre se puede desenvolver uno sólo para realizar casi todos los trabajos, pero si cuentas con la ayuda de otros compañeros todo se facilita muchísimo. En este caso, mientras yo iba apretando el gato, Santi iba ajustando el tensor.
De este modo se trabaja con muchísima mayor precisión. Mientras Carliños Leborán vigilaba que no se produjesen fisuras.
Para que os déis una idea de lo que se ha movido el tronco, observad lo que se ha llegado a apretar el tensor y eso que creo que, en la foto que os pongo a continuación, ya se había recortado un poco.
Ahora señores/as ¡agárrense que vienen curvas!
¡ No me negaréis que movimiento se ha conseguido ! Y, como ya dije, sin haber escuchado ni un "crack" en ningún momento. Como observaréis hemos cambiado el taco de madera por dos superpuestos, que luego sustituí por otro más estético. Es importante ser lo más "finos" posible en la realización del trabajo, un taco demasiado grande, una goma a la que le sobra un buen trozo, etc. son detalles que no van a influir en el resultado final, pero que sí "cantan" a la vista de cualquiera que lo vea. Otro detalle lo vemos en la barra de hierro, es demasiado larga. No la necesitamos en toda su longitud, por lo que se impone una reducción. Para ello le pusimos la radial en manos de Carliños y yo tiré la foto.
Y también sustituí el taco del que os hablaba antes.
Con estas maniobras la copa quedó levantada hacia arriba, por lo que había que volverla a colocar en posición. Sin embargo, una vez llevada al lugar que le correspondería, se originó una antiestética curva que era necesario corregir.
CONSEGUIR MOVIMIENTO EN LA BASE
Realmente esta parte fue la más fácil de llevar a cabo, puesto que la base movimiento tenía, lo que ocurría era que pasaba desapercibida porque con el frente elegido parecía totalmente recta. No hubo más que hacer girar el árbol unos 10º en el sentido de las agujas del reloj para que la cosa cambiase...y bastante. Observad sinó.
FINALIZACIÓN DEL TRABAJO...POR AHORA
La copa, como ya he dicho fué recolocada. Aquí la podéis observar en detalle. Evidentemente es un principio. Hay muchos objetivos que conseguir todavía: Reducir la longitud de algunas ramitas, densificarlas, conseguir acículas más pequeñas, etc., pero eso ya no es labor de una jornada de trabajo, sinó de años de paciente dedicación y buen cultivo.
Para mejorar la curva antiestética de la que os hablaba más arriba, he colocado un tensor para hacerla bajar. También en este caso me sirvió la barra de hierro como punto de anclaje, el otro extremo quedó fijado a una espira del alambre de cobre.
Y ahora el árbol en su imágen final, de cuerpo entero. Creo que los dos objetivos que me había propuesto mejorar con esta segunda intervención están más que conseguidos. Ahora le tocará reposar en su estante y recuperarse del estrés al que lo he sometido. En el futuro es posible que acerque un poco más la copa al tronco, no lo sé, en todo caso es preciso esperar a ver como evoluciona, puesto que es previsible que crezca y densifique, con lo que este objetivo puede perder parte de su razón de ser.
Para finalizar os dejo con unas imágenes de algunas maderas muertas, una vez que se les ha aplicado el líquido de jin.
Hasta aquí ha dado la entrada de hoy, espero que os haya gustado el resultado. Tened en cuenta que es una primera aproximación a su forma definitiva, pero que a lo largo de su formación como bonsái seguro que sufrirá muchos otros pequeños cambios, casi imperceptibles, pero que forjarán lo que será en un futuro.
Os espero a todos en la siguiente escala. ¡ No falteis !
Juan Liñares