jueves, 7 de febrero de 2013

Sutil II: el reajuste

INTRODUCCIÓN

    Como recordareis, en la anterior entrada dedicada este árbol, se han generado una serie de opiniones que, como siempre, respeto muchísimo y agradezco. No soy de los que suele recular en el trabajo realizado pero, en esta ocasión, tampoco a mí me terminaba de convencer, por lo que el leer algunos de vuestros comentarios sirvió para terminarme de decidir a darle una vuelta más de tuerca.

    Entre las cuestiones que me habíais transmitido destacaría las siguientes:

a) La parte descendente del tronco, después del la fuerte curva superior, era demasiado recta, anodina y discordante con la parte ascendente del mismo.

b) La base del árbol se veía recta.

c) Alguna opinión hubo también que me recomendaba cambiar el frente por uno de los laterales.

    Esta última recomendación la he descartado, porque no me parecía ni conveniente ni realizable de una forma creíble sin caer en algunos "artificios". Si escogiésemos el lateral derecho la copa quedaría totalmente hacia atrás y si nos decantásemos por el izquierdo la tendríamos totalmente frontal. Soy consciente de que con alambre se podría "corregir" esto en parte, pero a costa de "forzar demasiado la máquina" y no estoy seguro de lograr un acabado natural y estéticamente mejor.

    Por lo tanto, me centré exclusivamente en dar solución a las dos primeras cuestiones.

DAR MOVIMIENTO A LA PARTE DESCENDENTE DEL TRONCO

    Para comenzar el relato de esta segunda parte, creo que será bueno recordar como había quedado el pino al final de la primera sesión de trabajo.


    La pretensión que iba a guiar este reajuste era múltiple: por un lado quería dar algo de movimiento (curvas) a esa parte descendente, por otra parte también pretendía aproximarla más a la parte que sube y, por último, lograr una mejor conjunción entre ambos tramos del tronco.

    Después de estudiar durante un buen rato la mejor manera de conseguir los objetivos marcados, comenzamos el trabajo con la colocación de una barra de hierro, bien clavada al sustrato y sujeta al tronco en dos puntos estratégicos. En esta ocasión conté además con la inestimable ayuda de dos compañeros de aventuras: Santi y Carliños Leborán. La verdad es que para llevar a cabo ciertas operaciones una mano extra siempre es de agradecer.


    La barra se ancló firmemente al tronco, pero eso sí, acolchando bien la zona de contacto con el mismo para evitar dañar tanto la corteza como el propio tronco.



    El objetivo al colocar la barra de hierro era poder anclar un tensor desde un tornillo, colocado en parte posterior del tronco, hasta la propia barra. Su función iba a ser inmovilizar esa parte para evitar una rotación y consiguiente desplazamiento hacia atrás de la copa. Esto lo pudimos comprobar con anterioridad, cuando estábamos estudiando la forma de llevar a cabo el proceso, de ahí la decisión de disponer de una barra de hierro que ofreciese un punto de anclaje bien fuerte.

    No interesaba que ambas partes del tronco llegasen a contactar, por lo que se dispuso un taco de madera, también bien acolchado para evitar que se produjesen desgarros. Luego se echó mano de un gato para apretar la parte superior. Se forraron también las dos zonas en las que éste iba a ejercer presión utilizando, para ello, unos trozos de manguera vieja.


    Justo por debajo del gato se colocó un alambre de cobre de calibre medio que iba a ejercer de tensor. También se forró con manguera vieja. Referente a esto recomiendo tener siempre algún trozo de este material a mano porque nos puede servir cuando menos lo esperemos.

    En esa situación el pino ¡ ya no las tenía todas consigo ! Sabía lo que se le venía encima.

    Y comenzamos a apretar, poco a poco, comprobando a cada vuelta de rosca que todo iba como estaba previsto. Teníamos los oidos bien abiertos a la espera de, en cualquier momento, escuchar algún crujido. Nada. Todo discurrió sin imprevistos hasta conseguir acercar ambas partes del tornco hasta donde queríamos.


    Como ya comenté con anterioridad, siempre se puede desenvolver uno sólo para realizar casi todos los trabajos, pero si cuentas con la ayuda de otros compañeros todo se facilita muchísimo. En este caso, mientras yo iba apretando el gato, Santi iba ajustando el tensor.


    De este modo se trabaja con muchísima mayor precisión. Mientras Carliños Leborán vigilaba que no se produjesen fisuras.

    Para que os déis una idea de lo que se ha movido el tronco, observad lo que se ha llegado a apretar el tensor y eso que creo que, en la foto que os pongo a continuación, ya se había recortado un poco.


    Ahora señores/as ¡agárrense que vienen curvas!


    ¡ No me negaréis que movimiento se ha conseguido ! Y, como ya dije, sin haber escuchado ni un "crack" en ningún momento. Como observaréis hemos cambiado el taco de madera por dos superpuestos, que luego sustituí por otro más estético. Es importante ser lo más "finos" posible en la realización del trabajo, un taco demasiado grande, una goma a la que le sobra un buen trozo, etc. son detalles que no van a influir en el resultado final, pero que sí "cantan" a la vista de cualquiera que lo vea. Otro detalle lo vemos en la barra de hierro, es demasiado larga. No la necesitamos en toda su longitud, por lo que se impone una reducción. Para ello le pusimos la radial en manos de Carliños y yo tiré la foto.


    Y también sustituí el taco del que os hablaba antes.


    Con estas maniobras la copa quedó levantada hacia arriba, por lo que había que volverla a colocar en posición. Sin embargo, una vez llevada al lugar que le correspondería, se originó una antiestética curva que era necesario corregir.



CONSEGUIR MOVIMIENTO EN LA BASE

    Realmente esta parte fue la más fácil de llevar a cabo, puesto que la base movimiento tenía, lo que ocurría era que pasaba desapercibida porque con el frente elegido parecía totalmente recta. No hubo más que hacer girar el árbol unos 10º en el sentido de las agujas del reloj para que la cosa cambiase...y bastante. Observad sinó.



FINALIZACIÓN DEL TRABAJO...POR AHORA

    La copa, como ya he dicho fué recolocada. Aquí la podéis observar en detalle. Evidentemente es un principio. Hay muchos objetivos que conseguir todavía: Reducir la longitud de algunas ramitas, densificarlas, conseguir acículas más pequeñas, etc., pero eso ya no es labor de una jornada de trabajo, sinó de años de paciente dedicación y buen cultivo.


    Para mejorar la curva antiestética de la que os hablaba más arriba, he colocado un tensor para hacerla bajar. También en este caso me sirvió la barra de hierro como punto de anclaje, el otro extremo quedó fijado a una espira del alambre de cobre.

   
    Y ahora el árbol en su imágen final, de cuerpo entero. Creo que los dos objetivos que me había propuesto mejorar con esta segunda intervención están más que conseguidos. Ahora le tocará reposar en su estante y recuperarse del estrés al que lo he sometido. En el futuro es posible que acerque un poco más la copa al tronco, no lo sé, en todo caso es preciso esperar a ver como evoluciona, puesto que es previsible que crezca y densifique, con lo que este objetivo puede perder parte de su razón de ser.


    Para finalizar os dejo con unas imágenes de algunas maderas muertas, una vez que se les ha aplicado el líquido de jin.





    Hasta aquí ha dado la entrada de hoy, espero que os haya gustado el resultado. Tened en cuenta que es una primera aproximación a su forma definitiva, pero que a lo largo de su formación como bonsái seguro que sufrirá muchos otros pequeños cambios, casi imperceptibles, pero que forjarán lo que será en un futuro.

    Os espero a todos en la siguiente escala. ¡ No falteis !

Juan Liñares

jueves, 31 de enero de 2013

Sutil

INTRODUCCIÓN

    Un elegante Pinus sylvestris será el protagonista del trabajo de formación que os voy a mostrar hoy. Sin embargo este ejemplar ya merece algunos comentarios preliminares antes de comenzar a presentar el trabajo en sí. No en vano se trata de una planta que había sido cultivada en contenedor, con tierra de monte y pomice, durante tres años. Al cabo de ese tiempo se pasó a maceta de bonsái, en la que se sustituyó el sustrato por una mezcla a base de akadama gruesa y kiriu, también grueso. Ahí estuvo otros tres años y no por capricho. El ejemplar presentaba unas ramas extremadamente largas, con la vegetación en las puntas. Durante los tres últimos años se ha ido podando hacia atrás conforme iban saliendo brotes más cercanos al tronco. Se trataba de poder desarrollar la suficiente cantidad de vegetación como para permitir la realización de un diseño coherente. Poco a poco se ha ido retrasando la ramificación, aunque ha sido un proceso lento y no del todo exitoso, todavía quedaban tramos muy largos sin brotes interiores. Sin embargo, viendo la salud de la que gozaba la planta y valorando el hecho de que la brotación adecuada ya podía ser suficiente, se afrontó, al fín, su primera formación.

PRESENTACIÓN DEL MATERIAL

    Como ya dije, el pino había llegado a un estado en el que su salud me iba a permitir realizar un trabajo formativo sin demasiado riesgo. Os lo muestro desde distintos ángulos para que os familiaricéis con él.

Frente elegido para la realización del trabajo
     La copa vista más de cerca:



Lateral derecho

Parte trasera

Lateral izquierdo
    La principal carácterística de este ejemplar es el fuerte cambio de rumbo que experimenta en su recorrido el tronco, pasando de ascender de una forma clara a caer en picado tras un giro de 180º. Esta zona es uno de los puntos que llamarán más la atención del observador, me atrevería a decir que incluso más que la propia copa. Representará el punto más alto de la composición.



AL TAJO

    Una de las cosas que siempre suelo hacer antes de continuar con el resto de tareas, es verificar si el sustrato tiene falta de limpieza. En este caso, aunque no era mucha la cantidad de malas hierbas, éstas sí erán bastante "aparentes".


    Por supuesto procedí a su retirada.

    El estado de salud de la planta era muy bueno, se podía trabajar con relativa seguridad. Fijaos en un detalle del follaje.



    En estas situaciones lo primero que hay que hacer es una limpieza de aguja vieja, de este modo se facilita enormemente el trabajo posterior. Una vez realizada esta limpieza el aspecto de los brotes cambia bastante.


    El tronco tiene un bonito shari natural que lo recorre en buena parte de su longitud.


    También había restos de viejas ramas que deberían ser trabajadas como jines, le añaden carácter a un buen bunjin.



    Naturalmente antes había que descortezar esos restos y romper sus estremos para darles un aire natural.




    Por supuesto estas zonas de madera seca se trataron luego con líquido de jin. Días más tarde les daré también endurecedor para que ganen consistencia y ayude a prolongar su "vida útil"

    En anteriores labores de reducción se habían dejado pequeños muñones por seguridad. Para hacer un trabajo fino es necesario rebajarlos para facilitar la cicatrización.



    Fijaos en esta rama que os muestro a continuación. Tiene un tramo largo, recto y anodino, sin vegetación próxima a la base.


    Además las ramitas de sus puntas tenían la vegetación totalmente en el extremo, sin brotes interiores.



Así que la decisión fue drástica: cortar.


    Pero parecía poco...


...así que terminé por eliminar toda la rama para transformarla en jin.


    Parecía estar ya mejor, pero viendo el árbol de cuerpo entero se hacía todavía demasiado largo y recto ese jin.


    La solución ya os la podéis imaginar: volver a cortar para hacerlo bastante más reducido.


  No, no iba a quedar así, había que trabajarlo un poquillo para darle un aire más creíble. Las herramientas manuales fueron las seleccionadas para tal cometido. De este modo el acabado parece más obra de la Naturaleza que del jardinero. El aspecto final difiere bastante de la imágen superior.


   Luego comenzó la fase de alambrado, que la verdad no demoró demasiado dado que no había mucha ramificación de la que tirar...ni falta que hace al tratarse de un bunjin. Fijaos en la imágen inferior, con esa escasa cantidad de ramitas iba a ser más que suficiente para crear la silueta que tenía en mente. Se ve ya puesto el alambre, pero no se había colocado todavía la ramificación.


    La colocación de un tornillo en el tronco...


    ....me iba a permitir colocar un tensor...


    ...para conseguir acercar la parte descendente a la ascendente del tronco. De este modo, además, se cierra un poco más la curva superior, haciéndola más atractiva.

    Tras la eliminación de las plantas que crecían en la superficie del sustrato quedaron algunas zonas con escasez del mismo. Para solucionarlo se depositó una poca mezcla recién preparada para cubrir estos huecos.



TRABAJO FINALIZADO

    La colocación de la ramificación tampoco llevó demasiado tiempo, no en vano el número de ramas que necesita un árbol de este estilo es mínímo. La copa, sutil, como demandan los cánones, la podéis contemplar en detalle en la foto inferior.


    Y para finalizar, las vistas generales del árbol con su nuevo aspecto.


Parte trasera

Lado izquierdo

Lado derecho

Frente
    Viéndolo ahora, la maceta de Tokoname que contiene el árbol se ve demasiado grande. Al reducir mucho la vegetación este efecto se acrecienta, si cabe, en mayor medida. Ya tengo otro tiesto, más reducido en dimensiones, preparado para recibir a este pino, pero esa será una historia que todavía tendrá que esperar uno o dos años más. Mientras tanto toca dejar que el ejemplar evolucione de forma correcta, sana y vigorosa. Por último sólo añadir que los tiravientos, que el árbol tenía desde antes de comenzar este primer trabajo de modelado, se los he dejado colocado, de momento, por seguridad. Un poco más adelante serán eliminados.

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    Espero haberos entretenido un rato con esta nueva entrada, con esta nueva travesía en los misteriosos mares del bonsái. Permaneced atentos a vuestras pantallas, cuando el capitán ordene zarpar os quiero ver a todos a bordo.

    Juan Liñares