De este Aliso (Alnus glutinosa) ya os he hablado en otra ocasión. Cuando comencé con él no era más que un palo pinchado en la tierra, un simple plantón recogido de la grieta de una piedra. Tras los años que lleva de cultivo, la ramificación se ha ido haciendo cada vez más compleja. En relación con este tema he de decir que, como muchos de vosotros sabéis, esta especie tiene una fuerte tendencia a secar algunas ramillas en invierno. Esta característica es común a muchos árboles de ribera, como puede ser el Abedul, el Sauce, el Fresno o, ya de un habitat algo diferente, el Roble albar o Roble carvallo (Quercus robur). Sin embargo yo siempre digo que trabajar con Alisos es como conducir un Ferrari, como a aquel le sobra "potencia", pero hay que saberlo conducir. Si no estás dispuesto a darle todo lo que él te pide, entonces es mejor desistir de su cultivo. Esta característica, bien llevada, permite sobreponerse con éxito a la pérdida invernal de algunas ramillas, puesto que al llegar la época vegetativa siempre va a responder desarrollando más de las que ha perdido.
En el caso de este ejemplar, le tocaba un trabajo de mantenimiento, algo rutinario, pero que no debemos obviar y menos en esta especie. La imágen que inicia este reportaje sirve para mostraros como estaba el árbol antes de comenzar la sesión.
TAREAS A AFRONTAR
Esta planta se cultiva sumergida en agua durante toda la estación vegetativa. Absorbe tal cantidad de ella que, en ocasiones, llega a vaciar la bandeja dentro de la que se deposita la maceta. Este sistema de cultivo da muchas facilidades en el cultivo, permitiéndome realizar varios defoliados durante la primavera - verano. Esto permite aumentar en gran medida la complejidad de la ramificación, pero tiene sus desventajas. Una de ellas, quizás la más destacable, sea la de promover una excesiva prolifereción de musgo sobre la superficie del sustrato.
Como véis había comenzado a colonizar la base del nebári, a lo cual se debe poner remedio. También las canastillas de abono deberían de ser retiradas. La siguiente imágen refleja como quedó la superficie una vez retirado el musgo y las canastas.
Luego hubo que rellenar con un poco con sustrato nuevo. Los riegos continuos van lavando la superficie y haciéndole perder tierra.
En este caso el árbol había secado también una rama secundaria de relativa importancia. Sin embargo, viendo que en su axila salía un nuevo brote con el que se podría sustituir, lo dejé crecer durante toda la estación de crecimiento. Tampoco había querido eliminar la rama seca hasta que este brote tomara fuerza...¡ y vaya si la tomó !. Observad lo que ha crecido en sólo un año.
Obviamente comencé por eliminar la rama que se había secado.
Y aquí teníamos la rama de sustitución.
Pero viéndola, la verdad es que no me acababa de convencer. Se dirigía en dirección contraria a donde debía hacerlo, hacia el interior, cruzando por delante del tronco. Sin embargo había solución porque había un brote que se podría guiar desde un principio, dándole una mejor orientación.
Incluso había otro en un estadío más juvenil, pero que también nos podría servir.
Al final sacrifiqué la rama que se había dejado crecer, quedándome tan sólo con los dos brotes jóvenes a partir de los cuales se tratará de restaurar la masa perdida.
La diferenciación de las ramas secas de las vivas puede ocasionar cierta confusión para el aficionado novel, pero no para aquellos que lleven algún tiempo en este mundillo. De todos modos voy a recordaros un poco como podemos distinguirlas. En las ramillas secas se suele ver una deshidratación a lo largo de la rama, que se manifiesta por la aparición de unas arrugas en sentido longitudinal, el mismo de la rama. Esto puede ser un poco más difícil de ver para un ojo no entrenado, pero si nos fijamos en las yemas la diferenciación es clara. Mirad el aspecto que presentan cuando están secas.
La falta de turgencia es una de sus principales características. Cuando se mantienen viables se ven inchadas, hidratadas y turgentes, listas para volver a abrir en cuanto el tiempo sea benigno.
Una cosa a tener muy en cuenta es que el aliso cultivado en agua clava muy pronto los alambres. En esta foto que sigue se puede apreciar hasta donde puede llegar este problema.
Tras la retirada del alambre y la eliminación de las ramitas muertas, nos fijamos en aquellos brotes nuevos que están emergiendo y que nos pueden ser de provecho para continuar con la formación del bonsái.
Por cierto, que no lo había comentado antes, esta especie tiene una buena respuesta al cierre de las heridas provocadas por los alambres que se han clavado. Así que compensa un poco su facilidad para clavarlos en poco tiempo.
Entre los brotes que han proliferado durante la estación de crecimiento, no todos son válidos. Algunos habrá que eliminarlos por salir desde zonas totalmente inadecuadas.
A pesar de la altura a la que estamos, aún se conservaban algunas hojas relativamente verdes en las puntas más vigorosas.
Por supuesto hubo que eliminarlas para facilitar las labores de alambrado. Y así llegamos al estadío en el que el árbol ya carecía de alambre, de ramas muertas, de hojas verdes, etc. Estaba preparado para comenzar a aplicarle un nuevo alambre y definir nuevamente su ramificación.
FINALIZACIÓN DEL TRABAJO
Con el alambrado y colocación de ramas termina un nuevo episodio del mantenimiento de este ejemplar. Ahora toca esperar a que reviente por todas partes con la llegada de la primavera. Poco a poco se va consiguiendo crear una ramificación compleja.
Os dejo con las fotos finales.
| Lado izquierdo |
| Trasera |
| Frente |
Juan Liñares